Semilla de Chia. ¿Y eso cómo se come?

Cada año aproximadamente surge un nuevo producto milagroso que vale para todo y es una maravilla milenaria caída en  olvido pero que redescubrimos. No sé si la chía es del 2016 o ya del 2017 pero acaba de caer en mis manos y muchas veces me he preguntado ¿y esto cómo lo como? Pues resulta que se come con todo. Absolutamente.

La chía es una mezcla (según yo, no según los expertos) entre el sésamo y la avena. Como el sésamo porque lo puedes espolvorear encima de platos salados como carnes, ensaladas, tostadas, como parte de un aliño… o en platos dulces como smoothies y yogures. Y también creo que es como la avena por algunas de sus propiedades, al margen de las nutricionales. Al igual que la avena se puede dejar por la noche en la nevera empapada en algún líquido y tomar al día siguiente de desayuno como si fueran unas gachas.

Retomando las propiedades nutricionales, si queréis saber más del asunto os recomiendo que hagáis una rápida búsqueda en internet. Pero resumiendo diré que es un alimento rico en omega 3, fósforo, calcio, manganeso y triptófano. Además es un regulador del azúcar y tiene mucha fibra por lo que es un buen desayuno que te mantiene saciado un buen rato.

Hablar es muy fácil y se me llena la boca diciendo lo maravillosa que es la chía y como nos puede cambiar la vida. Lo complicado es ponerlo en práctica y darle una oportunidad al producto. Yo soy una persona que prefiere la comida dulce así que os he traído dos ideas muy muy sencillas, demasiado sencillas, pero que son un ejemplo perfecto de cómo integrar la chía en nuestra dieta sin que suponga un trauma o un largo proceso.

La primera es un smoothie de frutas con semillas de chía espolvoreadas por encima. Simplemente tenemos que batir las frutas. En mi caso he cogido mango, fresas y naranja. Y antes de tomarlo le he puesto unas pocas semillas. Se toman casi sin darse cuenta porque no alteran el sabor de lo que comes. Es por eso que combina perfectamente con cualquier comida.

La otra idea es un poco más elaborada pero tampoco es nada complicado. Se trata de un pudín de chía, plátano y chocolate.

Para hacerlo se necesita un plátano maduro, cacao en polvo, leche y chispas de chocolate para decorar.

Primero hay que chafar con un tenedor el plátano junto a la chía. Después le iremos añadiendo la leche que hayamos elegido hasta que no queden grumos y sea una pasta. Yo he elegido leche de avena pero se puede usar cualquiera.

Si queréis que quede a capas como en la imagen, ahora debéis separar la pasta y dejar en la nevera una de las partes. En la otra añadiremos el cacao. Esto es opcional. Se puede hacer directamente todo en chocolate o nada. Como os guste más. Hay que dejarlo en la nevera toda la noche y al día siguiente servirlo en un vaso intercalando ambas mezclas. Por último se puede decorar con virutas o chispas de chocolate.

Como veis, la chía se ha hinchado un poco y ha ido adquiriendo consistencia de pudín con el plátano. Está muy rico. Sabe simplemente a plátano con chocolate.

Ambas ideas son muy simples. Pero es que es así como tiene que ser. No se trata de modificar nuestra alimentación sino de hacerle un pequeño añadido saludable. De todas formas tengo que decir que yo no creo en alimentos milagrosos ni en dietas revolucionarias. Creo en intentar comer las cosas lo más naturales posible. No hacer excesos de nada y todo, cuanto menos procesado mejor. Pero aún así soy una persona golosa y antojadiza. No soy nutricionista ni esto es una lección de nada. Solo un DIY culinario aprovechando un producto de moda y que parece que además es beneficioso para todos nosotros.

Espero que os animéis a darle una oportunidad. Y si os apetece, que compartáis vuestras recetas o ideas a las que añadir estas pequeñas semillas.